Tempus fugit, ineluctabile

martes 24 de noviembre de 2009

El Minotauro






A la muerte de Asterión, rey de Creta y esposo de Europa, Minos comunicó a sus hermanos que él sería el nuevo rey de Creta ya que los dioses así lo querían. Les dijo que, como prueba de ello, a la mañana siguiente surgiría un toro del mar. Esa noche Minos rezó a Posidón y le pidió que hiciera salir el toro. A cambio prometió a Posidón que lo sacrificaría en su honor. A la mañana siguiente salió del mar un precioso toro blanco y Minos, al comprobar su hermosura, decidió sacrificar otro toro parecido. Posidón no se dejó engañar y maquinó un castigo: hizo que Pasífae, la esposa de Minos, concibiera una pasión irresistible por el toro de noble estampa.


Pasífae intentaba tener acceso carnal con el toro pero éste siempre rehusaba tal comercio. Al fin con el auxilio del escultor, arquitecto e inventor Dédalo, ateniense exiliado en Creta, la reina pudo satisfacer su pasión por el animal: Dédalo construyó una novilla de madera y la cubrió con una piel auténtica de vaca e introdujo dentro a Pasífae. De esta manera lograron engañar al animal. Fruto de estas relaciones la reina concibió un monstruo con cuerpo de hombre y con cabeza de toro, el Minotauro.


Minos mandó encerrar al Minotauro en un laberinto construido por el propio Dédalo. Al sospechar el rey que el arquitecto había ayudado a su esposa, lo encerró también en el edificio en compañía de su hijo Ícaro. Sin embargo los dos prisioneros consiguieron huir: el ingenioso Dédalo construyó unas alas y las adhirió con cera a su cuerpo y al de su hijo de tal forma que pudieron escapar volando. Imprudente o tal vez embriagado por la sensación de remontar la altura, Ícaro se acercó demasiado al Sol y, desprendidas sus alas por el calor, cayó al vacío y murió. Entretanto Minos había impuesto a Atenas el envío anual de catorce jóvenes de ambos sexos, que eran entregados al Minotauro en su laberinto.



Los establos de Augias


El nuevo trabajo consistió en limpiar los establos del rey Augias de Élide, el cual poseía un gran número de cabezas de ganado vacuno guardadas en inmensos establos que no había limpiado nunca. Heracles se comprometió a realizar esta tarea en un solo día, a cambio de una décima parte de las reses. Aceptado el trato, el héroe desvió el curso de los ríos Peneo y Alfeo, hizo pasar sus aguas por los establos y la corriente arrastró todo el estiércol. El rey, sin embargo, se negó a pagar lo convenido. Euristeo tampoco dio por bueno este trabajo y adujo que Hércules había pedido un pago por el mismo.

martes 17 de noviembre de 2009

Las aves del Estinfalo


A continuación os explico mi trabajo favorito: Las aves del Estinfalo eran tan numerosas que destruían todas las cosechas de las vecindades del lago Estinfalo, en Arcadia; varias fuentes aseguran que eran antropófagas, o que al menos eran capaces de disparar sus plumas como flechas. No está muy claro cómo Hércules se enfrentó al desafío: un pintor de cerámica lo muestra atacando con una honda, pero otras fuentes sugieren que les disparaba flechas con su arco o que las espantaba con una carraca de bronce hecha especialmente para este trabajo por el dios Hefesto.

sábado 14 de noviembre de 2009

La cierva de Cerinia


Un año entero llevó a Hércules realizar el siguiente trabajo: capturar a la cierva de Cerinia, animal que parecía más aterrador que peligroso. Esta cierva era de un tamaño colosal y muy rápida: parecía imposible alcanzarla. Hércules la siguió durante todo un año hasta que la cierva se decidió a cruzar por un río. Hércules aprovechó la circunstancia para herirla con sus flechas. Después la capturó. Estaba consagrada a la diosa Artemis, y aunque era hembra, tenía una prodigiosa cornamenta. De acuerdo con la leyenda, cuando Hércules había cogido por fin a la cierva y se la llevaba a Euristeo, se encontró con Artemis, que estaba muy disgustada y que amenazó con matar a Hércules por su imprudencia al capturar al animal; pero cuando ella se enteró de los trabajos, estuvo de acuerdo en permitir que Hércules llevase la cierva con la condición de que Euristeo lo soltase tan pronto como la hubiese visto.
Más imágenes de la cierva de Cerinia en:

jueves 12 de noviembre de 2009

El jabalí de Erimanto




Un feroz jabalí asolaba los campos del monte Erimanto. Euristeo le pidió imprudentemente a Hércules que se lo trajese vivo, pero las ilustraciones antiguas de este episodio, que mayoritariamente muestran a Euristeo refugiándose de forma cobarde en una tinaja, sugieren que se arrepintió de su petición. El jabalí era muy veloz: Hércules con sus gritos le forzó a salir de su escondite y lo persiguió por la nieve, que impedía el movimiento de la fiera, consiguiendo de esta manera darle alcance.